sábado, 1 de agosto de 2009

El incolumnado *

*Consigna para la facultad: descubrir y describir una "especie" en la Feria del Libro.


Una leyenda popular dice que bien atrás de nuestras memorias, ahí donde escondemos todos aquellos acontecimientos de nuestra vida infantil cuya asistencia requirió una firma en nuestro cuaderno de comunicados, todos nosotros, los humanos, tenemos reminiscencias de haber pertenecido a la especie que voy a describir a continuación.
La entrada al mundo de los vivos se da, para estos seres, de una manera muy burocratizada. Un papel sirve de pasaporte para el traspaso de la no existencia a la existencia. Es decir que los “escolaris excursionus” cuentan con una partida de nacimiento antes de respirar por primera vez.
El “durante” del pasaje del no ser al ser también cuenta con características muy particulares. Los nacimientos son colectivos, nunca individuales. Multitudinarios pero, sin embargo, ordenados. Los miembros de la comunidad naciente se ubican formando lo que nosotros conocemos como “filas”, columnas de individuos. En este punto tan temprano en su paso por la vida, surgen los primeros rebeldes, esos especímenes que se alejan del comportamiento que se espera que ejerzan los escolaris. Revoltosos, gérmenes de revolucionarios, subersivos: la peste. Afortunadamente, como siempre en nuestra historia, la parte más diestra del ser humano sabe introducirse en la formación de estos descolumnados desde el inicio: la maestra ordena al alumno que forme en fila como el resto de los miembros de su especie.
Una vez superado el parto, los escolaris se encuentran ya en el hábitat donde transcurre su existencia. Recorren eternos pasillos que son, para ellos, como avenidas y rutas. Lo que en nuestras modernas sociedades llamamos “Estados-Naciones”, para los escolaris toman la forma de “Stand”. La observación metodológica que un investigador llevó a cabo, mientras hacía trabajo de campo, reveló que un determinado individuo de la especie demostraba un sentido de pertenencia muy marcado dentro del “Stand 1364”. Los científicos compararon este comportamiento con en nacionalismo profesado por muchos humanos.
Si bien la vida de los escolaris excursionus no presenta mayores sobresaltos, hay un dato que alarma. Exámenes cognitivos realizados a distintos especímenes dan a conocer que la mayoría no es conciente de su razón de ser, es decir, del motivo por el cual fueron expulsados al mundo. No es de público conocimiento entre ellos que su hábitat, ese que presenta techos muy altos y pabellones que hacen las veces de continentes, alberga la presencia de objetos inanimados con el potencial de poner a funcionar su alma: solo requieren el trabajo conjunto de dos ojos, una mente y un corazón.
El fallecimiento de estos seres se da en iguales características que su nacimiento, solo que en el sentido inverso. Así como muchos hombres que estuvieron cerca de la muerte dicen haber visto una luz blanca que los acercaría a su nuevo destino, aquellos escolaris que se aventuraron antes de tiempo a la salida que da a Plaza Italia afirman haber divisado un colectivo naranja que sería su vehículo a la vida después de la muerte.
Durante esa existencia post-mortem de la que solo los excépticos descreen, puede ocurrir que algún individuo rebelde tome en sus manos uno de esos objetos inanimados previamente descriptos, es decir, un libro, y se sumerja en él. Este hecho fortuito, no obstante, poco habrá tenido que ver con su vida terrenal como niño en una visita escolar a la Feria del Libro. Y si bien siempre habrá alguien para ordenarle que vuelva a formar fila, la experiencia de dejarse atravesar por la lectura le permitirá seguir siendo para siempre un incolumnado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario